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Domingos 10:30 AM ¡Te esperamos!
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2010 ©® Los logotipos, slogans y material digital de "Familia de Paz"
pertenecen a sus autores, prohibida su reproducción. Iglesia Bíblica
Familia de Paz
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QUÉ CREEMOS
La Iglesia Bíblica Familia de Paz, afiliada a la Asociación Religiosa de Iglesias Bíblicas de México Zona Puebla, como Iglesia hija de la I.B. El Camino, tiene una declaración doctrinal que concuerda con su corriente denominacional. En consecuencia, y apego a las escrituras, nuestras bases doctrinales son las siguientes:
1.- Las Escrituras
Creemos que la Biblia, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento son verbalmente inspirados por Dios, en el todo y en parte, sin error en los escritos originales y de autoridad suprema de fe y práctica para el creyente en Jesucristo. Más aún creemos que La Biblia no es de interpretación privada, pero que la aplicación del método histórico gramatical es la mejor base para su correcta interpretación y que es el Espíritu Santo quien en su soberanía revela su palabra a quien él quiere. (Sal 119:160; 1 Ti 3:16-17; 2 Pe 1:20-21; He 1:1-2, 4:12, Luc 10:21, 1ª Ped 1:12, 1:Cor 2:10-13, Mt 11:25-27)
2.- Dios...
Creemos que hay sólo un Dios vivo y verdadero que es infinito, eterno e inmutable. Creemos que Dios es uno en esencia existiendo en tres personas distintas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Aunque cada persona de la Deidad posea con precisión la misma naturaleza y atributos, cada uno funge de manera diferente con respecto a los objetivos de Dios y al trato con el hombre. (Deuteronomio 4:39; 6:4; Mateo 28:19; 2 Corintios 13:14)
3.- El Padre
La primera persona de la Trinidad ordena y dirige todas las cosas según Su propio objetivo, beneplácito y gracia. El Padre es soberano en la creación, la providencia y el rescate (la redención). Él ha decretado todas las cosas que han de ser para Su propia gloria. Él gentilmente se involucra en los asuntos del hombre, oye y contesta sus oraciones, y salva del pecado y la muerte a todo el que viene a Él por Jesucristo. (2 Cr 29:11; Sal 103:19; Mt 6:9; Jn 5:19-24; Ef 1:2-6)
4.- El Hijo
La segunda persona de la Trinidad es tanto el Hijo eterno de Dios como el Hijo del hombre, nacido de la virgen María. Jesucristo, totalmente Dios y totalmente hombre, no cesó en nada Su deidad durante Su vida terrenal. Habiendo llevado una vida libre de pecado, Él satisfizo la justicia del Padre que concierne al pecado por Su muerte sustituta. Creemos en Su resurrección corporal, Su ascensión física y Su regreso visible a la tierra para consumar plenamente Su reinado en la tierra. (Jn 1:14-18; Hch 1:11; Ro 3:24-26; 1 Co 15:1-8; Col 2:9; He 2:17-18; Apoc 20:11-15)
5.- El Espíritu Santo
La tercera persona de la Trinidad ejecuta la voluntad de Dios en el mundo del hombre. El Espíritu Santo sella la salvación que Jesucristo aseguró por Su muerte en la cruz. Es el Espíritu Santo quien convence al mundo de pecado, justicia y de juicio. Es el Espíritu Santo quien otorga el poder a la iglesia para vivir del modo que complace a Dios, otorgándole dones espirituales, que equipan a los creyentes para lograr ministerios distintos, establecidos de antemano por Dios Padre. (Jn 3:1-8; 15-16; 16:4-15; 1 Co 12; Ga 5:16-25; Ef 1:13-14; 5:18-21)
6.- El Hombre...
Creemos que el hombre fue creado a la imagen de Dios por Él, para que éste disfrutara de Su compañerismo y ejerciera Su voluntad en la tierra. El hombre pecó según un acto voluntario de desobediencia personal a la voluntad de Dios; por consiguiente, todos los hombres están espiritualmente muertos y sujetos a la certeza de la muerte física. Los efectos de la caída de hombre son transmitidos a todos los hombres, los cuales son nacidos con una naturaleza pecaminosa y pecan habitualmente en pensamiento, palabra y hecho. (Gén 1:26-27, 2:7, 3:3-4; Ro 1:18-32, 3:10-23; Ef 2:1-3)
7.- La salvación
Creemos que Jesucristo murió por nuestros pecados como el único y suficiente sacrificio, sustituto. Todos los que creen en Él son justificados por el Padre a través de la muerte y resurrección de Jesús. Todos los que reciben al Señor Jesucristo por la gracia de Dios, por la fe han sido regenerados y bautizados en el Espíritu Santo. De este modo son hechos, así, hijos de Dios para siempre y miembros de una iglesia verdadera, el Cuerpo universal de Cristo. Esta salvación provoca una vida honrada y de buenas obras en tanto el creyente someta su vida al control del Espíritu Santo que dirige la vida del creyente en la armonía con la Palabra de Dios. (Jn 1:12; 3:16; 5:24; 14; 6; Hch 4:12; Ro 3:21-26; 5:8; 1 Co 15:1-4; Gá 3:26; Ef 1:7; 2:8-10; Tit 3:4-7; He 10:10-12; 1 Jn 5:11-13)
8.- La Iglesia
Creemos que todos los que han sido regenerados por el Espíritu Santo pertenecen a la iglesia verdadera y universal, y que son guiados por las Escrituras a congregarse en iglesias locales, visibles. La iglesia local es autónoma en su gobierno y reconoce a sus propios miembros ancianos y diáconos. Dos ordenanzas han sido encomendadas a la Iglesia local: El bautismo y la Cena del Señor. El objetivo de la iglesia es de conducir a hombres a Cristo, ayudarlos a madurar en la fe, tener comunión entre los creyentes, equiparlos para el ministerio personal y adorar a Dios. (Mt 16:13-28; 28-18-20; Hch 2:41-47; 4:1-16; 1 Co 11:23-29; Ef 2:19-22; 4:11-13; He 10:23-25; 1 Pe 5:1-3).
9.- El futuro
Creemos que escrituras proféticas enseñan el regreso inminente, personal de Jesucristo. Creemos que el regreso ocurrirá en una manera corporal y visible. (Mt 24-25; Jn 14:1-3; Hch 1:9-11; 1 Co 15:20-28; 1 Ts 4:15-17; Apoc 20:1-4).
10.- Dones carismáticos
Creemos en la soberanía de Dios en todos los aspectos. Sólo el Espíritu Santo en ejercicio de su soberanía decide que dones otorgar a los creyentes al momento de su nuevo nacimiento. No creemos en otra evidencia de nuevo nacimiento más que la confesión de fe en Jesucristo (Ro: 10:13, Hch 16:31, Ro 3:24) y creemos que el Espíritu Santo es quien reparte los dones conforme a su beneplácito para la edificación del cuerpo.
En concordancia con nuestra práctica ministerial, valores y observancia del orden en los cultos de celebración, no fomentamos su práctica. Además no son de edificación congregacional sino personal. Parte de la responsabilidad que Dios nos ha dado de pastorear su iglesia, y ser testimonio para los incrédulos incluye vigilar el orden y la unidad de la iglesia local. (1ª Cor. 14)